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Vaca Muerta: petróleo, fracking y soberanía energética en Argentina

“Mírese a Salta y Jujuy, donde ya ha puesto sus tentáculos el coloso de la Standard Oil, que viene del norte, después de haber acaparado cinco millones de hectáreas en Bolivia”.

Alonso Baldrich, 1927

Ya en 1938, Raúl Scalabrini Ortiz y Luis Dellepiane, al influjo de la nacionalización del petróleo mexicano llevada adelante ese mismo año por el presidente Lázaro Cárdenas, escribieron un artículo en los cuadernos de F.O.R.J.A. (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) titulado Petróleo e Imperialismo: el ejemplo de México y el deber argentino. F.O.R.J.A. fue una organización de radicales yrigoyenistas fundada por Manuel Ortiz Pereyra e integrada, entre otros, por Arturo Jauretche y Homero Manzi, que pregonaba el nacionalismo popular en plena “Década Infame”.

En el mencionado artículo, Scalabrini Ortiz y Dellepiane afirmaban:

“Lo importante, lo verdaderamente trascendental para nosotros ocurre a muchos miles de kilómetros de aquí. Nuestro destino se fragua en las cancillerías de Londres y de Nueva York, en las oficinas de la Standard Oil y en los despachos del almirantazgo en los que se maneja los devenires de la Royal Dutch Shell”.

El futuro llegó hace rato…

La maldición de la riqueza

El ingente yacimiento hidrocarburífero de Vaca Muerta se encuentra ubicado principalmente en la provincia de Neuquén, aunque sus ramificaciones se extienden hasta las provincias de Mendoza, La Pampa y Río Negro. En total, este conglomerado ocupa aproximadamente 3,5 millones de hectáreas. Fue hallado, digamos, por casualidad, cuando el geólogo y paleontólogo estadounidense Edwin Weaver se encontraba en la zona realizando sus estudios. Quince años después, otro geólogo, el alemán Pablo Groeber, determinó que el origen del mismo era jurásico.

Recién en 2011, YPF determinó que en dicha formación se encontraban grandes cantidades de hidrocarburos no convencionales de shale oil (petróleo de esquisto) y shale gas (gas de esquisto). Esta materia orgánica se encuentra alojada en la roca madre impermeable, lo cual significa que su extracción requiere técnicas como la fractura hidráulica o fracking. Entre 2011 y 2013 comenzaron las primeras extracciones del preciado combustible fósil llevadas adelante por YPF y la estadounidense Chevron.

Si bien Vaca Muerta actualmente está muy lejos de alcanzar todo su potencial, ya que sólo funciona en un 10%, el yacimiento produce diariamente más de 600.000 barriles de petróleo y casi 100 millones de metros cúbicos de gas. Vaca Muerta es considerada una de las grandes reservas mundiales de hidrocarburos no convencionales: la cuarta reserva más grande del mundo en petróleo y la segunda en gas, superando a Rusia y Venezuela. Tal es así que Vaca Muerta, en caso de existir la soberanía energética, podría proveer de combustible a la Argentina durante 150 años.

Los peligros de la soberanía: el fracking

“Kümé rakiduamlu, chumk’lai rumé”.

El que bien piensa, no hace mal a nadie.

—Refrán mapuche

El fracking, o fractura hidráulica para extraer hidrocarburos no convencionales tiene una larga historia que comienza en 1865 en Estados Unidos, aunque el primer intento de llevarla a cabo se produjo en 1949.

Recién en los años noventa, el perfeccionamiento de la técnica se instaló en el mercado debido a las características no renovables del recurso. Previendo un progresivo agotamiento del petróleo convencional, esta técnica viene a ser el salvataje, a cualquier costo, del Rey Aceitoso. La inauguración de este muleto se produjo en 1990 en el yacimiento de Barnett Shale, en Texas, Estados Unidos.

La fractura hidráulica, para obtener petróleo y gas no convencionales, necesita millones de litros de agua, además de arena y diversos aditivos químicos. Todos estos ingredientes son inyectados a presión para fracturar la roca y liberar así los hidrocarburos. Las consecuencias ambientales del fracking constituyen uno de los principales puntos de debate. Entre ellas aparecen el consumo de grandes volúmenes de agua, las emisiones de gases de efecto invernadero como el metano, la generación de sismicidad inducida y el riesgo de contaminación de acuíferos.

Los buitres del oro negro sobrevuelan bajo

“Resistirse al sucio poder es vivir sin temer,
salirse del molde oficial, ganar o perder,
desaparecer”.

—Ricardo Iorio

Como ya hemos visto, desde el principio, en la puesta en marcha del yacimiento de Vaca Muerta, la soberanía energética brilló por su ausencia. En la actualidad YPF controla, con suerte, no más que el 45 % del paquete accionario, lo que equivaldría a 3 millones de hectáreas. Es decir, está a seis puntos de poder tomar decisiones resolutivas sobre sus propios recursos y a 55 de poder comenzar a hablar, al menos, de emancipación petrolera.

El sueño de Enrique Mosconi, aquel pionero del petróleo argentino que renunció tras el golpe contra el segundo gobierno de Yrigoyen a manos de José Félix Uriburu, luego de oponerse a la injerencia de la estadounidense Standard Oil, propiedad del magnate John D. Rockefeller, quedó en el “rincón de los recuerdos muertos”, como bien dijo Homero Manzi en su tango Fueye.

Las petroleras extranjeras y el negocio de Vaca Muerta

Las petroleras extranjeras que clavan sus colmillos en Vaca Muerta son varias y con distinta intensidad. Lo único que no cambia, según esta mirada, es la política de entrega de los gobiernos argentinos. En cuanto a los nombres de las petroleras que explotan el subsuelo argentino, se puede mencionar a la anglo-holandesa Shell, con 93.000 hectáreas; la italiana ENI, con 42.000 hectáreas; la estadounidense Chevron, con 75.000 hectáreas; la noruega Equinor, con 12.000 hectáreas; la suiza Phoenix Global Resources, con 50.000 hectáreas; y la estadounidense Continental Resources, con casi 8.000 hectáreas, propiedad de uno de los barones del fracking, Harold Hamm.

Existe un caso particular que es el de la emiratí Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC). Si bien no posee presencia espacial en Vaca Muerta, tiene concesiones para realizar “inversiones RIGI” —Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones— para el transporte de GNL a través de barcos metaneros.

Estas actividades se realizan cuando el gas no puede ser direccionado por oleoductos y se lo somete a un proceso de enfriamiento a -162 °C, que lo transforma en líquido, reduciendo así su volumen para facilitar el transporte y el abaratamiento del mismo.

Un caso interesante es el de la empresa transnacional argentina Pluspetrol, la cual posee casi 150.000 hectáreas luego de comprarle a la estadounidense ExxonMobil —ex Standard Oil— su parte por 1.700 millones de dólares. Pluspetrol fue fundada por las familias Rodríguez Rey y Poli en el tristemente célebre año 1976. Lo cierto es que el ingeniero Luis Alberto Rey amasó su fortuna durante la última dictadura cívico-militar gracias a los favores de la coyuntura neoliberal que se iba gestando a través del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Se calcula que tiene alrededor de cincuenta empresas que son preservadas en paraísos fiscales como Luxemburgo y las Islas Vírgenes. También tiene representación en Estados Unidos, los Países Bajos y Uruguay. Edith Rodríguez, viuda del ingeniero, está considerada la mujer más rica de la Argentina.

Y, como perlita a la extranjerización de los recursos y a la pérdida de la soberanía nacional, podemos sumar las presiones del FMI, ya que su presidenta, la búlgara Kristalina Georgieva, el último 28 de julio visitó Vaca Muerta acompañada por Luis Andrés “Toto” Caputo, el mismo que adquiriera 15.000 hectáreas de la comunidad originaria de Piraj Bajo, en Santiago del Estero, a través de la empresa Sacha Rupaska S.A.

Esta visita se produjo, sugestivamente, a pocos días del comienzo del tratamiento de la reforma de la Ley de Extranjerización de Tierras. Mito o realidad, el usurero, antes de romperle al deudor las piernas por sus deudas, se asegura de que a este le quede algo de valor.

Caminos resbalosos hacia el mar

“Ciertos reyes no viajan en camellos”.

—Indio Solari
(CHEQUEAR: cita textual y canción de procedencia.)

En cuanto al transporte de los recursos extraídos en Vaca Muerta, se tiene previsto realizar un oleoducto de más de 400 kilómetros que llegue hasta el océano Atlántico, llamado VMOS (Vaca Muerta Oil Sur). El mismo irá desde Allen hasta Punta Colorada, ambas localidades ubicadas en Río Negro.

Por supuesto, la construcción de un oleoducto es otra de las caras del negocio de los hidrocarburos y, a pesar de que estará liderada por YPF, en el horizonte se divisan nubarrones.

En una de las adjudicaciones estará, por supuesto, Techint, la poderosa empresa de origen italiano creada por Agostino Rocca en Milán en 1947, regenteada por el empresario ítalo-argentino Paolo Rocca, digno nieto de su abuelo. Pero también SACDE (Sociedad Argentina de Construcción y Desarrollo Estratégico), perteneciente a EMES, la cual lidera el empresario cordobés Marcelo Mindlin.

En los años noventa, Marcelo Mindlin tuvo contactos con el empresario húngaro George Soros al formar una empresa dedicada a la especulación con bienes raíces llamada Dolphin Fund Management, la cual se encargaba de manejar el turbio portafolio del magiar. Pero los contactos de Mindlin no quedaron allí. Porque, además de estar vinculado al Grupo Bemberg, Mindlin tiene un acuerdo con su empresa Pampa Energy con el británico Joe Lewis, propietario de Tavistock Group.

Joe Lewis es otro personaje inclasificable del agiotaje, que no sólo va a participar junto a Mindlin en la construcción del Oleoducto de Vaca Muerta, sino que posee 12.000 hectáreas en Río Negro, las cuales impiden que los originarios de la región accedan a las aguas del Lago Escondido.

Allí funciona también otra de sus empresas, Patagonia Energy, la cual manejaba una central hidroeléctrica que ahora fue traspasada a Hidden Lake S.A., casualmente propiedad del propio Joe Lewis.

De genocidios inacabados y otras yerbas

“Wiño nütuaiñ taiñ mapu”.

“Recuperaremos nuestra tierra”, en lengua mapudungun.

Y mientras el dios Ngünechen sigue llorando lágrimas de negro aceite, el destierro, el olvido y la invisibilización prosiguen su marcha. Pero también la resistencia.

Cuenta la historia que, cuando algunos de los hacheros de origen indígena tenían que talar los quebrachos para La Forestal, primero observaban al árbol en silencio, luego lo abrazaban y terminaban diciéndole: “Perdóname, hermano”. Lo que para un magnate de ayer y de hoy es salvajismo y barbarie, para el originario es un acto de preservación.

Lo dijo contundentemente Carl Jung: el ritual es algo necesario, sobre todo en estos tiempos de vertiginoso individualismo, porque el símbolo conecta lo más humano que tenemos con el cuerpo identitario, con aquello que no se ve, pero está.

Los reclamos de los pueblos originarios en Vaca Muerta hoy no sólo se reducen a las tierras ancestrales, sino también a la devastación ambiental. Actualmente, en la región existen treinta comunidades mapuches que se ven afectadas, no sólo por no poseer sus tierras, sino también por los efectos del fracking.

Las más cercanas son las que peor la pasan y denuncian, por ejemplo, el agrietamiento de sus viviendas debido a las vibraciones de los sismos artificiales producidos por la fractura hidráulica. A esto tenemos que sumarle la problemática escasez de agua debido al descomunal derroche de este recurso esencial. Algunas de las comunidades que están reclamando son Lof Kaxipayiñ, Campo Maripe, Newen Kura, Fvta Xayen, Kelv Kura y Ragnilew Cárdenas.

Lo cierto es que el grito originario sigue saliendo a pesar de la oclusión, pero el poder, que sabe cómo cambiar de piel, sigue respondiendo como hace siglos.

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