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Cenizas del paraíso

Los incendios forestales presentes en las últimas temporadas estivales en el noroeste de la Patagonia andina argentina resulta un fenómeno recurrente cuyas cicatrices rubrican los designios de la región. La incidencia de estos eventos cada vez más frecuentes e intensos superan cada año su propio record, arrasando miles de hectáreas de bosques nativos y afectando el equilibrio ambiental de sus territorios.

El ambiente andino constituye un complejo sistema cuya dinámica se centra en las prácticas de capitales privados y mixtos vinculados al negocio de la forestación y, a través de esta actividad, un proceso de expropiación, privatización y concentración de tierras que alimentan una permanente tensión entre un patrón dialéctico de acumulación y espacios de resistencia. En este contexto, las causas del fuerte incremento de las superficies incendiadas responden a múltiples factores como la presencia de extensas áreas de material combustible con un importante poder calórico, cambios en los valores climáticos, la imposición de intereses creados y la ausencia en el accionar del Estado.

El espacio andino como ambiente cultural

La montaña, los bosques nativos de lengas, cipreses, coihues y ñires, los vientos permanentes del oeste, las nevadas de invierno y el calor del verano son parte de la cultura del lugar. Sin embargo, la situación vivida en las últimas décadas, según el investigador Thomas Kitzberger, responde a una “nueva normalidad” signada por prolongadas sequías, olas de calor, fuertes vientos y frecuentes tormentas eléctricas. Los vientos permanentes del Pacífico Sur se encuentran influenciados por el fenómeno del Niño o ENOS (El Niño Oscilación del Sur) y la Niña,
modificando de manera progresiva los índices de humedad, cantidad de nevadas y precipitaciones, lo que materializa la incidencia del cambio climático en la región.

El incremento de esta crisis climática se ha visto sustentado con el crecimiento de los espacios urbanos, el desarrollo de distintas actividades productivas, la valoración del paisaje como recurso, y los cambios en los usos del suelo. El avance de la deforestación de bosques nativos durante todo el siglo XX alcanza su punto de inflexión, en la década de 1970, con la concesión de tierras protegidas por parte de la Administración de Parques Nacionales a industrias madereras de origen extranjero. De esta manera, la expansión del monocultivo de pinos de la especie pino ponderosa y eucaliptus, por su rápido crecimiento y adaptación a los períodos de sequias, se transformaron en una insignia del paisaje, reduciendo el habitad de las especies nativas. La proliferación de estas plantaciones industriales se transformó, con el tiempo, en la herramienta para llevar adelante el despojo y apropiación de tierras pertenecientes a comunidades mapuches y campesinas mediante complejos procesos judiciales. Al mismo tiempo, los Estados provinciales dieron comienzo al subsidio del denominado Plan Forestal con el argumento del desarrollo económico local y como política contra el cambio climático, mientras miembros de la comunidad adviertían que las fuentes de agua se secaban con el crecimiento de esas plantaciones.

Numerosos trabajos de investigación alertan sobre el aumento de consumo de agua por parte de estas especies exóticas en comparación con los árboles del bosque nativo o los pastizales y arbustos de la estepa. Según el boletín de Tierra Viva del año 2024, una revisión de más de 50 cuencas hidrográficas en la región pudo dar cuenta de una disminución del 40% en los caudales de las zonas con plantaciones de pino ponderosa y de un 75% en plantaciones de eucaliptus, junto a una enorme demanda de nutrientes del suelo que altera la calidad química del agua superficial y subterránea.

De esta manera, el paisaje, como patrón de acumulación capitalista, se convierte en mercancía, invisibilizando su valor inmaterial como atributo simbólico y expresión cultural de la región que configura identidades. Los parámetros hegemónicos predominantes impulsan la ocupación selectiva del espacio en relación a su valoración económica del “paraíso” a partir del desarrollo del turismo y el auge del mercado inmobiliario.

El ambiente andino como experiencia educativa

El mundo andino ha consolidado una racionalidad propia alimentada por una profunda ancestralidad que alcanza saberes colectivos signados por prácticas, métodos, experiencias, capacidades, signos y símbolos que forman parte de su acerbo cultural. Estas huellas originarias, junto a su devenir histórico de conquista, despojo y resistencias, hacen de este ambiente un lugar único y complejo atravesado por múltiples factores y relaciones que actúan en su contexto.

La dinámica ambiental del espacio andino acompaña los impactos antrópicos a distintas escalas, materializando en el territorio sus nocivos efectos de la mano de nuevos actores sociales que responden a las lógicas de un capitalismo salvaje. El incremento de los incendios forestales en la región es una prueba de ello, con las medidas de un Estado Nacional que desfinancia entidades como el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) entre otros; que tienen como tareas el seguimiento, pronóstico, prevención y presupresión de estos eventos.

Asimismo, el gobierno de Javier Milei busca avanzar en la derogación de la Ley Nacional de Manejo del Fuego N° 26.815 aprobada en 2012 y reformada en 2020, que busca proteger la biodiversidad prohibiendo que se realicen modificaciones en el uso del suelo en áreas afectadas por incendios. Además, redujo el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable a subsecretaría recortando el presupuesto ambiental, y debilitando áreas claves como conservación de bosques, Parques Nacionales y estamentos dedicados a temas ambientales.

El conocimiento de esta problemática desde una cosmovisión originaria, crítica y posdesarrollista pone en discusión la visión hegemónica impuesta, contribuyendo a la construcción de nuevos saberes capaces de forjar una verdadera tarea educativa. El espacio andino como patrimonio ambiental, cultural y productivo encuentra en la historia del fuego la perversión de un sistema que escribe los intereses del extractivismo en las cenizas del paraíso…

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